domingo, 9 de agosto de 2009

Amar es de grandes...


Que hermoso era poder gozar de cierta impunidad, no adquirida por uno, sino
otorgada por lo mayores, esos que nos veían como unos niños. Aquel niño que fui...
Las preocupaciones y obligaciones eran de carácter insignificante, si las observamos desde la mayoría de edad. Cuanto tiempo y momentos han pasado desde que se deja la niñez, ese mote que te beneficia en algunas situaciones, o te complica en otras tantas oportunidades.
Del cole a casa; de casa a la cancha de fútbol; de la cancha de fútbol a casa; a bañarse y a mirar TV hasta la hora de la cena; luego a la cama, para al día siguiente hacer casi la misma rutina. Al fútbol se lo podía cambiar por la bolita, el voley, andar en bici, o cualquier otra actividad.
Ese es el día tipo de un niño...
No había tiempo para pensar en amar o querer algo; el futuro era lejano, es por eso que los objetivos era pocos claros y difusos... Algunos dieron con su objetivo desde niño, pero son los menos.


Lo que menos extraño es poder amar a alguien. Esa sensaciòn maravillosa que el tiempo y la vida pone delante de uno. Y es uno quien decide que hacer, ya sea tomarlo o dejarlo, y esperar una nueva oportunidad.
Yo la tome y no espere la nueva oportunidad. Intuición masculina, podríamos llamarlo.

(*)Y mal no me va...





(*)Eso es lo que me dicen todos los días, y no tengo porque no creerle.

Yo ya soy grande, y estoy en edad de amar.

sábado, 8 de agosto de 2009

Agua salada sobre tu mejilla


Se dice por ahí que los hombres también lloran. De amor, de tristeza, o vaya saber

uno porque otra razón. Pero es cierto, el hombre también llora. Quizás es atípico

observar dicho episodio ante tanto machismo andante, pero sucede… En el arte de

dejar volar los sentimientos, ante una situación inesperada, sea buena o mala, para

quien la disfrute o la sufra, según la ocasión, las lágrimas suelen ser esas

palabras mudas que, vaya paradoja, lo dicen todo.

Que hermosa sensación la de llorar. Si es de ALEGRIA, muchísimo mejor.