
Que hermoso era poder gozar de cierta impunidad, no adquirida por uno, sino
otorgada por lo mayores, esos que nos veían como unos niños. Aquel niño que fui...
Las preocupaciones y obligaciones eran de carácter insignificante, si las observamos desde la mayoría de edad. Cuanto tiempo y momentos han pasado desde que se deja la niñez, ese mote que te beneficia en algunas situaciones, o te complica en otras tantas oportunidades.
Del cole a casa; de casa a la cancha de fútbol; de la cancha de fútbol a casa; a bañarse y a mirar TV hasta la hora de la cena; luego a la cama, para al día siguiente hacer casi la misma rutina. Al fútbol se lo podía cambiar por la bolita, el voley, andar en bici, o cualquier otra actividad.
Ese es el día tipo de un niño...
No había tiempo para pensar en amar o querer algo; el futuro era lejano, es por eso que los objetivos era pocos claros y difusos... Algunos dieron con su objetivo desde niño, pero son los menos.
Lo que menos extraño es poder amar a alguien. Esa sensaciòn maravillosa que el tiempo y la vida pone delante de uno. Y es uno quien decide que hacer, ya sea tomarlo o dejarlo, y esperar una nueva oportunidad.
Yo la tome y no espere la nueva oportunidad. Intuición masculina, podríamos llamarlo.
(*)Y mal no me va...
(*)Eso es lo que me dicen todos los días, y no tengo porque no creerle.
Yo ya soy grande, y estoy en edad de amar.

